domingo, diciembre 17, 2006

Dieciséis

Hace unos meses, recibí del Museo del Prado un encargo bastante especial: debía realizar una menina de bulto redondo para ubicarla, como símbolo del museo, en la estancia donde se imparten los cursos de iniciación al arte para niños y adolescentes.

Tomé este encargo con humildad, más como artesana que como artista. Mientras lo realizaba pensaba que todos los años de oficio que he dedicado a las esculturas de cartón-piedra, resulta que finalmente han servido para llevar a cabo este trabajo inesperado y hermoso.

El 26 de junio era el día en que yo debía entregar mi menina al museo.

A primera hora del día recibí la llamada de una encargada del área de educación pidiéndome que adelantara en lo posible la hora de la entrega, dado que se iba a celebrar un acto solemne a lo largo de la mañana, el acto era la entrega del premio Velázquez a un pintor al que siempre he admirado.

Nunca he agradecido tanto vivir tan cerca del Prado, así que me desplacé hacia allí a toda velocidad. Me parecía un poco surrealista la idea de encontrarme en la puerta del museo con una menina de más de un metro de altura, manifestando mi intención de acceder al interior contando con las medidas de seguridad que se habrían puesto en marcha esa mañana.

Resolví la entrega sin mayores problemas, aunque tuve que contemplar con curiosidad como un perro (que no era el del cuadro de Velázquez) revisaba con poco interés a mi criatura de cartón-piedra.

"Una menina para el museo del Prado"
110 x 100 x 60 cm.
Cartón-piedra policromado.
año 2006
"Menina en la sala LVIII"

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