lunes, diciembre 18, 2006

Diecisiete

En el año 1998 modelé una menina de bulto redondo con proporciones sacadas de un cuadro de Velázquez.

Realicé un moldeado de escayola para sacar copias de cartón, con la idea de utilizar las esculturas moldeadas como lienzo, para realizar diversos decorados sobre ellas, de manera que cada menina, a través de la pintura, se convirtiera en una pieza única.

Pinté cuatro meninas diferentes que se expusieron en la edición de Flecha de 1999.


Las meninas se fueron vendiendo hasta que quedó esta (supongo que porque está en las nubes)
Cuando en la primavera de 2006 el área de educación del Museo del Prado me encargó una menina de cartón-piedra para las estancias donde se realizan los cursos de iniciación al arte para niños y adolescentes, les ofrecí la posibilidad de llevar esta menina para probar qué tal quedaba en el lugar que estaba previsto para ella, aunque el trabajo de pintura estaba todavía por decidirse.

Así es que esta menina de cartón, que sigue estando en las nubes desde entonces, tuvo el raro privilegio de entrar en el museo de mi mano a unas horas muy tempranas -antes de que se abriera al público- y cumplir uno de esos sueños que he tenido para mi, pasarse en el museo unas cuantas noches, allá la he imaginado algunas veces antes de dormir, deslizándose sobre su base de ruedas que simula un monopatín, paseando en silencio por esas estancias por las que siento tanto cariño.

Cuando la menina recibió el visto bueno de los responsables del museo, realicé el modelo que finalmente se ha quedado a vivir allí.

Elegimos minuciosamente como se pintaría, se basaría en la infanta Margarita del cuadro, es decir el vestido en tonalidades grises con veladuras azuladas y rosas, llevaría unos detalles de colores más vivos en las mangas y en el centro del pecho. Cuando la pintura estaba bastante avanzada, había que resolver el color del pelo, y me parecía que lo que mejor le iba era el azul ultramar y así quedó.

Después de estos hechos extraordinarios, he acuñado el término: "Fe menina" que vendría a ser toda esa serie de acontecimientos paranormales que permiten que después de 27 años yo siga en este propósito no solo de dedicarme a las artes sino de vivir de ellas, la Fe menina sería esa rara y sofisticada creencia en la que viene a basarse mi vida.